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La política, un dolor de todos y para todos

septiembre 12, 2016 Juan Vera

La Política, un dolor de todos y para todos

Juan Vera

Director del programa de Coaching Político de Newfield Network

En el diario El País aparece una viñeta del gran humorista español “Forges”, en la que uno de sus hombrecillos con gafas (supuestamente un elector) con un papel en la mano le dice a otro hombrecillo con gafas (supuestamente un político): “Pero oiga, el programa electoral que me ha dado está en blanco…” y el segundo le responde “Claro ¿A usted que más le da?”.

A mí no me hace ninguna gracia, entiéndanme, creo que es una viñeta certera y dolorosa, que expresa en clave de humor uno de los dramas de la sociedad que estamos viviendo y que califico como la sociedad del abandono de la política, tanto por quienes ostentan el poder como por esa inmensa mayoría que debiéramos ser protagonistas de las democracias. El humor negro de Forges orienta su índice tanto al político vacío como al ciudadano que da la espalda a la política y deja un espacio también vacío, que sin duda otros intereses ocuparán.

Cuando el filósofo alemán Jürgen Habermas habla del fracaso de la política, está diciendo entre otras cosas que hemos permitido que muchos de los grandes problemas que tenemos como sociedad sean enfrentados desde perspectivas económicas y técnicas, dejando a un lado sus consecuencias políticas. Que siga habiendo desigualdad en el mundo, fenómenos como el de la forzada inmigración o el crecimiento de la violencia y la consiguiente inseguridad, solo reflejan ese fracaso.

¿Pero es consistente que si fracasa una propuesta política abandonemos la política? Si en una empresa fracasara el plan de gestión ¿abandonaríamos la gestión? Cuando los planes de educación resultan inadecuados ¿pensamos en abandonar la educación?

El problema por lo tanto como dice Josep Ramoneda no es la Política, sino la mala política y por lo tanto la gran tarea de todos es preguntarnos qué podemos hacer para mejorarla. Un observador reflexivo llegaría a la conclusión que son momentos en los que más personas y sensibilidades debemos intervenir en la Política, en los que más talento hay que poner, que quienes se dedican al ejercicio de la política y quienes los eligen deberíamos abrirnos a nuevas preguntas y establecer conversaciones diferentes, más allá de dedicarnos a señalar con el dedo a los presuntos culpables.

Requerimos más conversaciones significativas y no tantos eslóganes, mas resignificación de los valores y menos alabanzas a los éxitos fáciles, más colaboración que competencia, más participantes en la construcción y menos furiosos quejándose desde las redes. Eso supone trabajo, búsqueda de lo esencial y mejores conversaciones consigo mismos; por eso vislumbro, en mi calidad de coach, un espacio poderoso para participar en la necesaria reconciliación con una política también necesaria.


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