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100 Años de Violeta Parra

octubre 12, 2017 Marcelo Monsalves

 

“Dulce vecina de la verde selva”, Violeta Parra, “huésped eterno del abril florido” que cambiaste para siempre la clave para cantar lo chileno. Hasta antes de ti, Violeta, el “roto chileno” cantaba la gloria del triunfo marcial que obtuvo en Yungay y la “china” linda iba, con su pollerita al viento a buscar quesitos a la ciudad. Pero llegaste tú, Violeta, para correr la cortina y enseñarnos que el roto no había triunfado. Que, en realidad, “tenía una pena más negra que su chamal” y que eran los “propios chilenos los que lo hacen llorar”. Fuiste tú, Violeta del alma, que nos viniste a decir que la niña no iba alegre con su pollerita al viento, sino que iba con “su canasto de tristezas a lavar, al estero del olvido”.  Y la patria que linda se ve para el turista, en realidad, justo al medio de Alameda de las Delicias, limita con la injusticia.

¿Qué habría sido de nosotros sin ti, Violeta? Quizás hubiésemos seguido creyendo que el pueblito se llama Las Condes y que todos pueden ver cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero. Y nos habríamos olvidado de la miseria grande en los hospitales, de los valles con sus verdores donde se multiplican los pobladores y de que la paga no alcanza pa’l mes corrido.

Gracias a la vida que viniste un rato por estos lados a desenterrar cántaros de greda y liberar pájaros cautivos, aunque los secretarios no te quieran y te cierren las puertas de sus casas ¿Y qué podemos hacer nosotros, Viola Volcánica? para ensanchar la partitura de la música que nos enseñaste a cantar.

Quizás te lo han preguntádico varias persónicas, ¡ay que pregúntica más infantílica!, dirás, porque tus letras, tus arpilleras, tus costuras, tus cerámicas y tu guitarra es tódica respuéstica que necesitamos. Mirar lo que somos, mirar lo que hemos hecho y volver a los 17 para comenzar nuevamente, para encontrar nuevas ocurrencias para descifrarnos e imaginarnos.

Pero Viola Chilensis, por favor, qué te cuesta mujer árbol florido. Álzate en cuerpo y alma del sepulcro. Y haz estallar las piedras con tu voz, Violeta Parra


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