Blog

WARHOL en la Moneda

agosto 07, 2017 Arianna Martínez

WARHOL EN LA MONEDA

“La idea no es vivir para siempre, es crear algo que sí lo haga” Andy Warhol

Andrew Warhola, conocido en el mundo entero como Andy Warhol, fue más allá de la sobrevivencia de sus obras, palabras e ideas. Este ícono del Pop Art logró trascender su arte. Poseer una serigrafía o dibujo de Warhol significa, más que una obra, entrar a su mundo, al de su estilo poco convencional, vida glamorosa, pensamiento disruptivo.

Desde el 14 de junio y hasta el 15 de octubre de 2017 será posible disfrutar de una extensa recopilación–compuesta de 228 piezas entre pinturas, dibujos, serigrafías, fotografías, esculturas y material fílmico- de la obra más representativa de Warhol en el Centro Cultural La Moneda, que va desde sus primeros dibujos en su etapa de estudiante hasta sus obras más conocidas mundialmente.

Una viaje fascinante por los dibujos con los que inicia su carrera como dibujante profesional en prestigiosas revistas como Harper´s Bazar, Vogue y The New Yorker, entre los que destacan las ilustraciones de la serie zapatos. De su etapa más artística encontraremos sus trabajos de repeticiones seriadas de objetos de consumo masivo tales como sus ultra famosas series de latas de Sopa Campbell, junto a sus serigrafías en las que reproducía personajes icónicos como Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Jackie Kennedy, Mao Zedong, Carolina Herrera, Mick Jagger, Alfred Hitchcock y Michael Jackson, entre otros.  Las cajas “Brillo” y montones de fotos de las populares fiestas underground de los 60 y 70 en su estudio de arte “The Factory” son algunas de las piezas de esta muestra llena de colorido.

Vale la pena recorrer enteras -con el espíritu asombrado de algunos niños- las dos salas de la exposición y contagiarnos de Pop Art a través del legado de uno de sus máximos representantes. Disfruté mucho de esta aventura llena de extravagancia, color y originalidad, pero lo que verdaderamente me cautivó fue la personalidad de Warhol.

Decía de sí mismo que era una persona muy  superficial, y yo creo que era mucho más sensible de lo que se atrevía a admitir. Warhol elevaba a la categoría de arte aquellas cosas que al común, por masivas, se nos hacen transparentes. Tenía la capacidad de mirar lo extraordinario del trabajo de las personas en el diseño de una caja de esponjas. Podía imaginar las caras de los dibujantes anónimos detrás de las etiquetas y envoltorios de productos de uso masivo cotidiano y honrar su trabajo convirtiéndolo en arte. A pesar de vivir rodeado de fama, lujo y riquezas le fascinaban aquellos íconos propios del consumismo que igualaban a las personas, tal como lo vemos en su dibujo de la botella Listerine. Aunque fueras multimillonario, el tuyo tendría el mismo sabor que el Listerine comprado por un obrero.  Del mismo modo decía de Coca Cola “una cola es una cola, y ningún dinero del mundo puede hacer que encuentres una cola mejor que la que está bebiéndose el mendigo de la esquina. Todas las colas son la misma y todas las colas son buenas. Liz Taylor lo sabe, el Presidente lo sabe, el mendigo lo sabe, y tú lo sabes”.

Le obsesionaba la muerte, lo que vemos reflejado en los retratos de una Marilyn Monroe después de haberse suicidado o el de Jackie el día del asesinato de Kennedy. Para Andy, la vida es banal, en tanto que la muerte es democrática, a todos nos toca seamos ricos o pobres.

Andy Warhol se volvió marca. Sus excéntricas pelucas, forma de vestir, palabras, gustos, amistades, entorno, sueños y estilo personal hicieron de él un producto publicitario tan o más apetecible que sus propias obras de arte. Antes que comprar una pieza, sus coleccionistas lo compraban a él. Para mí, fue uno de los precursores de lo que hoy llamamos “personal branding”.

Algunas de sus frases fueron no solo célebres sino anticipatorias, tal como “En el futuro, todos serán mundialmente famosos por 15 minutos”.

Solo un visionario podría hacer de lo cotidiano una obra de arte. Warhol inventó el futuro. Leyó el mundo y hacia dónde tendía y lo dibujó. 


Volver

Compartir